Enamorarse sin perder la cabeza. En junio, dos sesiones en viernes por la mañana
Gestión emocional. En septiembre, dos sesiones en viernes por la mañana
Ilusiones explotadas. Un hijo con discapacidades invisibles
Ilusiones explotadas
Un hijo con
discapacidades invisibles.
Todo
el mundo sabemos que es una ilusión, aunque esa ilusión pueda ser diferente
para cada persona, sintiéndola y expresándola de modo diferente. Pero ¿qué
ocurre cuando esa ilusión se convierte en lo que no esperabas? ¿Y cuando la
decepción por esa ilusión llega con el tiempo?
El esperar un hijo es tener una ilusión, nace tu hijo, crece
y poco a poco te das cuenta que no es lo que esperabas; que hay algo en él que
no es lo que debería ser.
Discapacidad invisible
Muchas personas sufren discapacidades que no se ven, se
enfrentan a un mundo que no entienden y no comprenden del mismo modo que la
mayoría de la gente, aunque esa sociedad les juzga como a los demás. Deben
competir en igualdad de condiciones con personas sin discapacidades, ya que no
hay rasgo físico que las diferencie de otras. Vivimos en un mundo social donde
las relaciones interpersonales son de vital importancia para el desarrollo
feliz de cualquier ser humano, relaciones en el nivel familiar, con iguales, relación
de pareja, lúdicas, administrativas, laborales, etc. Y aparte de otras
dificultades es allí donde tienen y
sufren grandes fracasos.
Suelen ser habituales comentarios del tipo: “eso es porque no sabes educarle”, “una
semana conmigo y espabila”, etc., que familiares y personas cercanas suelen
decirnos, añadiendo dudas y culpabilidad sobre la posibilidad de que hay algo que
no hacemos bien. “¿Seré un mal
padre/madre?”.
Diagnostico
Muchas de esas discapacidades se diagnostican con el
tiempo, como el síndrome de Asperger, TDAH, etc. Eso conlleva una serie de dificultades y de procesos que
hacen que tu vida sea diferente a como pensabas. Este punto de inflexión al
conocer el diagnóstico cambia tu mundo.
Una vez diagnostican a tu hijo a una edad más avanzada, o
menos, es cuando tus miedos de que algo pasaba se convierten en realidad. Tus
deseos ilusorios “ya cambiara”, “su proceso de maduración es diferente”,…
se acaban y empieza un largo camino. Cada persona lo puede recibir de diferente
manera, desde una especie de alivio en el sentido de “ya sé contra lo que me enfrento”, hasta la negación de que “esto no puede estar pasándome” o una
mezcla de ambos.
Proceso de aceptación o no aceptación.
Hay varias clasificaciones en el proceso de aceptación
en la discapacidad. Elizabeth
Kubler-Ross (psiquiatra) identifica cinco etapas emocionales que suelen
atravesar los padres con un hijo con discapacidad:
La negación de la realidad con pensamientos como “no es
cierto”, “es un error“, “no me puede estar pasando esto a mí”.
Algunas personas pueden quedarse atrapadas en esta fase y no querer salir de
ella con el consiguiente perjuicio para ellas mismas y sobre todo para su hijo.
De esa fase de negación pasaríamos a una donde la ira, la rabia, y la culpabilidad aparecen mezclándose,
dando paso a una etapa convulsa, donde se proyectan estas emociones contra uno
mismo, la pareja, el mundo e incluso pueden llegar a proyectarse contra la
propia persona con discapacidad. No tiene porque ser violentamente, puede ser
ignorando al propio hijo, a la familia, etc. En esta fase puede ser fácil
tratar de huir de tu realidad, mediante el abandono del propio hogar,
refugiarse en realidades paralelas (alcohol, drogas, etc.).
En la fase de negociación
ya se habla del problema, bien con médicos, terapeutas, profesores y círculos
cercanos de familiares y amigos. Se “regatea” el diagnóstico, se buscan, muchas
veces desesperadamente, explicaciones más benévolas y con mejor pronóstico. En
esta fase no hay soluciones definitivas aunque pasarla es esencial para llegar
a la fase final de aceptación.
Antes de la
aceptación suele aparecer la fase de depresión, donde el agotamiento físico y mental
empiezan a hacer mella y la desesperanza hace que lleguemos a este punto.
Sentimientos de inutilidad, vergüenza, culpa, tristeza,… pueden provocarnos un
alejamiento de nuestro círculo más cercano, con la consiguiente pérdida de
apoyo social. Esta etapa indica la aceptación de la realidad, aunque el
aislamiento que la acompaña no permite afrontarla debidamente y llevar una vida
productiva en los demás ámbitos.
Una vez superada esta fase llegaríamos a la fase de aceptación donde las familias recuperan
las fuerzas para sacar adelante la situación, aunque no implica felicidad en
relación a la discapacidad, sino un cierto acomodo a la misma. Al poder aceptar
la situación resulta más fácil poder llevar acabo terapias y rehabilitación en
los déficits de la persona y de la familia.
NO todas las personas pasan todas las etapas de un modo
igual. NO tienen porqué cumplirse todas, pueden ocurrir regresiones en
cualquier momento aunque cuanto más avanzada sea la fase en la que uno esté más
difícil será volver a fases anteriores. Pueden alternarse más de una fase
compartiendo sentimientos y pensamientos.
¿Cómo actuar?
No hay un patrón, ni una fórmula mágica que nos diga cómo
y de qué manera poder afrontar la situación y adaptarnos.
Siempre
es bueno acudir a profesionales, aunque a veces no todos terminan convenciendo.
Por eso es importante encontrar un buen profesional que ayude tanto a nuestro
hijo como a nosotros mismos en nuestro progreso y orientación, ayudándonos a
superar las fases del proceso de adaptación. Puede servirnos como guía y apoyo
en nuestra nueva forma de ver el mundo. Gracias al trabajo terapéutico podemos
aceptar y comprender mejor a nuestro hijo para convertirnos en ese importante referente
que necesita para desarrollar mejor todas sus capacidades. Trabajando
directamente con nuestro hijo, un buen profesional podrá facilitar su
adquisición de habilidades sociales, el control de la impulsividad, mejorar su
autoconocimiento y su autoestima, etc.
Así mismo resulta muy
útil contactar con personas que tengan hijos con un diagnostico como el suyo y que hayan pasado una situación
similar. Sus experiencias servirán para abrirle un camino no solo a un mejor
afrontamiento, sino que también le ayudaran a saber cómo dirigir el proceso terapéutico de su hijo. Así mismo, el
hecho de pertenecer a un colectivo le permitirá estar al tanto de sus derechos
como padres de un hijo/a con dificultades y las posibilidades que la Administración
le ofrece. Aunque seamos los padres quienes tendremos que tomar las decisiones.
A pesar del dolor y de la
situación su hijo y usted se merecen disfrutar de su relación, no todo tiene
porque estar relacionado con la “etiqueta” del diagnostico. Tienen derecho a
disfrutar de estar juntos; a fin de
cuentas, por encima de todo es un niño y, en función de sus discapacidades y
del nivel de afectación de éstas, podrá realizar actividades y disfrutar con
ellas. Es importante integrarlo
plenamente en la familia, es decir, que participe en las actividades familiares.
Siendo aconsejable que la familia desarrolle algún área de interés que se
ajuste a los gustos y preferencias del hijo.
Tratar de que tenga una
conducta lo más adaptada al contexto posible y educar en reglas y valores como
se haría con otros hijos, entendiendo sus dificultades, pero valorando cada
progreso realizado. Suele tenderse a sobreproteger. Esto no es bueno, es mejor
exigirle, teniendo en cuenta sus déficits, como a los demás hermanos y hermanas
si los tuviera. Por ejemplo, si en casa recoge la mesa cada día un hermano, que
él lo haga también cuando le corresponda.
Es importante que sepa qué
le ocurre, para de ese modo aprender a conocerse (sus puntos fuertes, sus
puntos débiles, etc.), tratando de que su autoestima no quede herida. No
corregirle constantemente, valorar las cosas buenas que hace.
En definitiva, no es una
tarea fácil. Se necesita esfuerzo, pero siempre mirando con esperanza. Nada es
fácil en esta vida y aprender a valorar lo bueno de estas personas nos hace ver
todo desde una perspectiva diferente. La presión, el miedo al rechazo, la
vergüenza, la incomprensión, la lucha constante,… no pueden dejarnos inmóviles
ante un camino nuevo en nuestra vida que sin duda merece la pena recorrer.
Pablo Alberto Lavilla
Salazar
Estudiante de Psicología en prácticas UNED
Padre de un hijo con Síndrome de Asperger
Qué es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo
¿Qué es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo?
Es un
trastorno de la ansiedad, cuya principal característica es la presencia muy
frecuente de obsesiones y/o compulsiones. Éstas son lo suficientemente graves
como para provocar innecesarias pérdidas de tiempo, un deterioro en la
actividad general o un grave malestar para la persona.
¿Qué son las obsesiones?
Son ideas,
pensamientos, impulsos o imágenes persistentes que aparecen de forma
involuntaria, indeseada y de las que resulta muy difícil librarse. Son consideradas
intrusas e inapropiadas y provocan mucho malestar, generalmente ansiedad.
Cuando alguien tiene obsesiones se da cuenta de que son fruto de su mente y no
cree que le vengan impuestas desde fuera, como podría ocurrir si fuesen
alucinaciones.
Casi todo el
mundo tiene ideas absurdas, ocurrencias extrañas, pensamientos sin sentido. Es
algo natural. La mayoría descarta estas ideas sin darles ninguna importancia.
Sin embargo algunas personas dan demasiada importancia a esas ideas o
pensamientos absurdos, con lo que hacen que el malestar por tenerlos sea más
intenso. Al asociar esos pensamientos con tal intensidad emocional, las ideas
se fijan y tienden a repetirse y a permanecer demasiado tiempo en la mente de
esas personas.
Las obsesiones
mas frecuentes son ideas recurrentes sobre temas como la contaminación, dudas
repetitivas, la necesidad de tener las cosas según un orden determinado, la agresión, la sexualidad, etc.
Rara vez se relacionan con hechos de la vida real de las personas que las padecen.
Más bien al contrario, suele tratarse de ideas que, por las características
éticas y morales de las personas afectadas, resultan especialmente
inapropiadas. Por ejemplo, una persona muy religiosa podría obsesionarse con
algún tipo de idea sacrílega. Las personas con este problema intentan ignorar o
suprimir estos pensamientos o impulsos, o bien neutralizarlos mediante otras
ideas o actividades.
¿Qué son las compulsiones?
Son
comportamientos, o actos mentales, repetitivos y generalmente excesivos e
innecesarios, realizados para prevenir o aliviar la ansiedad o el malestar que
producen las obsesiones. En ocasiones se realizan con el objetivo de prevenir algún
acontecimiento o situación negativa que obsesiona a la persona, como lavarse
repetida y concienzudamente ante la obsesión de contaminación. Otras veces no están
relacionadas de forma racional con las ideas que deben neutralizar o prevenir,
como por ejemplo santiguarse tres veces antes de pisar la calle para evitar
alguna desgracia.
Las compulsiones
mas frecuentes implican tareas de lavado o limpieza, comprobaciones, demandas o exigencias de
certeza, actos de carácter repetitivo y la puesta en orden de objetos. Es
frecuente que se repitan un número fijo de veces, el llamado número mágico. No
todas las personas que padecen obsesiones tienen también compulsiones, aunque
lo más habitual es que se den las dos.
Algunos datos sobre el TOC en la población general
Se
trata de un trastorno bastante frecuente que sufre entre el 1,9% y el 2,5 % de
la población general, es decir, lo padecen 1 de cada 40 ó 50 personas. La proporción
de hombres y mujeres es casi igual, aunque ligeramente mayor en las mujeres.
Puede aparecer
en cualquier momento entre la infancia y los cuarenta años, siendo lo más
habitual entre la primera adolescencia a los veinticinco años. En los hombres
suele aparecer antes, durante la adolescencia, y entre las mujeres la edad de
inicio más habitual se retrasa hasta los primeros veintes.
¿Cómo es el tratamiento psicológico?
Al tratarse de
un trastorno de la ansiedad es importante enseñar diferentes técnicas de
relajación a la persona afectada. Esto le servirá para ayudarle a un mejor
afrontamiento de la ansiedad que provocan las obsesiones, además de fomentar la
sensación de control que necesitará ir consolidando durante el tratamiento.
Por otro lado
se trabaja sobre la distorsión de los pensamientos de la persona con diferentes
técnicas cognitivas, enseñándole a identificar los pensamientos erróneos o
distorsionados y convertirlos en pensamientos más racionales. Al pensar de una
manera más adecuada se reduce la ansiedad, ajustándose más a la realidad y no
tanto al pensamiento distorsionado.
Una vez
aprendidas estas técnicas, se pasaría a la exposición con prevención de
respuestas. En este momento, la persona ya es capaz de aplicar las técnicas de
relajación y control de pensamiento. De
forma más o menos gradual, en vivo o en la imaginación, siempre dependiendo de
las circunstancias particulares de cada persona, se le presentan las situaciones
u obsesiones que le provocan ansiedad y miedo, a la vez que se le pide que no realice
los rituales o compulsiones. El efecto natural es que las obsesiones vayan
perdiendo el poder de generar ansiedad, hasta que terminan desapareciendo.
En casos
extremos también se puede combinar el tratamiento psicológico con un
tratamiento farmacológico. Lo habitual es que su médico o psiquiatra le
prescriba algún fármaco de la familia de los ISRS (Inhibidores selectivos de
las bombas de recaptación de serotonina). Lo ideal en estos casos es que el
fármaco no elimine completamente los síntomas para así poder realizar el
tratamiento psicológico a la vez.
¿Qué pueden hacer la
familia y amigos?
El apoyo
social es fundamental para ayudar a la recuperación de la mayoría de los
problemas psicológicos. Introducir a familiares y amigos en el tratamiento
puede facilitarlo bastante y aumentar las probabilidades de éxito. Su papel y
funciones serán de lo más diverso, desde la mera comprensión del trastorno, que
aliviará a todas las partes, como la facilitación de un ambiente relajado, el acompañamiento
en algunas exposiciones, la escucha y el diálogo racional, el apoyo emocional,
o favorecer la motivación para mantener el tratamiento.
Jesús Padilla Martín
Jesús Padilla Martín
¿Qué es la Esquizofrenia?
¿QUÉ ES LA ESQUIZOFRENIA?
La esquizofrenia es una enfermedad mental grave, originada por una
alteración del metabolismo cerebral (anomalías en su estructura y exceso de
dopamina) que afecta a múltiples funciones psicológicas (percepción,
pensamiento y habla, emociones y conducta social). Se trata de una enfermedad
crónica y la mayoría de los pacientes necesitará tratamiento farmacológico de
por vida.
La esquizofrenia es probablemente el trastorno
mental más angustioso que existe. Los primeros signos de la esquizofrenia
tienden a aparecer durante la adolescencia o en los primeros años de la edad
adulta.
¿CUÁLES SON LAS
CAUSAS?
La esquizofrenia es una enfermedad muy compleja y puede estar causada
por la combinación de diferentes factores. Dichos factores pueden
ser: predisposición genética, lesiones en el cerebro durante el parto o poco
después del nacimiento, el uso de ciertas drogas, efectos de aislamiento social
y situaciones de estrés prolongado.
Las personas con cierta vulnerabilidad a esta enfermedad de manera
biológica no tienen necesariamente que desarrollar esquizofrenia, sino que
juega un factor muy importante no llevar una vida sana tanto física como
socialmente. Ell entorno y las costumbres que rodean a la persona cobran
especial importancia en esta enfermedad.
¿QUÉ SINTOMAS SON
PROPIOS DE LA
ESQUIZOFRENIA?
A grandes rasgos, existen varios tipos de esquizofrenia, que son
resultado de la combinación de dos clases de síntomas (positivos y negativos).
La nomenclatura de esta clasificación, nada tiene que ver con el significado
popular de modo que por estar clasificados en uno o en otro no son mejores o
peores
.
Como síntomas positivos tenemos alucinaciones (percepciones del mundo no reales, la mas común es
oír voces aunque pueden darse con cualquiera de los cinco sentidos), delirios (creencias irracionales de
persecución, de estafa, de grandeza, de que son personas famosas o sagradas, de
que les están envenenando, que les mandan mensajes ocultos en los medios de
comunicación y otras de índole fantástica),
pensamiento desordenado
(incapacidad de pensar con claridad, los pensamientos pueden aparecer y
desaparecer sin causa aparente, ideas desorganizadas, incapacidad de mantener
la concentración en algo, incapacidad de establecer un orden lógico en sus
pensamientos, esto puede derivar en dificultar las conversaciones y llevar y
llevar al aislamiento social) y agitación
( especialmente durante los episodios agudos de la enfermedad).
Como síntomas negativos están la falta de motivación o iniciativa (en casos severos una persona podría
pasar días enteros sin hacer nada, descuidando su higiene mas elemental), el retraimiento social, apatía y la inestabilidad emocional o embotamiento (severa
reducción de la expresividad emocional, expresar emociones contrapuestas a la
situación vivida, por ejemplo reír en una situación triste).
¿QUÉ SIENTEN ESTAS
PERSONAS?
Las personas con esquizofrenia viven en un mundo distorsionado debido a
alucinaciones o delirios, que les hacen percibir la realidad de manera
diferente al resto de personas. Es muy común que tengan la idea de que oyen
voces internas que les atormentan y crean miedos tales como que les persiguen o
que otras personas conspiran para hacerles daño. Estos factores hacen que las
personas con esta enfermedad adopten diferentes comportamientos provocados por
una situación de miedo y alerta continua; su forma de hablar muchas veces
adopta un carácter diplomático, parecen
distantes, indiferentes a lo que les rodea e incluso permanecen sentadas
durante horas sin emitir ningún sonido ni moverse; también es muy común que
adopten una postura totalmente contraria y no paren de moverse, estén siempre
preocupadas, con aspecto desaliñado, vigilante y alerta.
En la fase aguda de la esquizofrenia, las
personas pueden perder toda conciencia de quiénes son ellas y las demás personas.
EVOLUCIÓN DE LA ENFERMEDAD
Los síntomas de la enfermedad suelen variar con el tiempo, empeorando
durante los períodos de recaída y mejorando durante los períodos de
estabilidad. Algunas personas tienen solamente un episodio psicótico; otras
tienen muchos episodios durante toda su vida, pero llevan una vida
relativamente normal entre cada uno de ellos, pareciendo estables y
emocionalmente sanas. Sin embargo, los individuos con esquizofrenia
"crónica", o un perfil continuo y recurrente de la enfermedad, a
menudo no recuperan del todo un funcionamiento normal y es característico que
requieran un tratamiento de larga duración, incluyendo, por lo general,
medicación para controlar los síntomas.
¿ES NECESARIA LA HOSPITALIZACIÓN?
Durante los episodios psicóticos agudos, donde la persona pierde
totalmente la noción de realidad y su comportamiento es realmente extraño,
estrambótico y supone un riesgo tanto para ella como para los demás, sería
necesario internamiento hospitalario.
El hecho de que sea una enfermedad crónica no implica que la
hospitalización deba ser continua. Ésta solo será necesaria en fases agudas de
la enfermedad, llegando a la estabilidad la persona podría llevar una vida casi
normal fuera del ámbito hospitalario,
¿CÓMO SE TRATA?
En la esquizofrenia el tratamiento con fármacos es crucial para aliviar
los síntomas psicóticos, pero es necesario que el paciente reciba un buen
soporte psicológico para una buena evolución de la enfermedad.
Es muy importante complementar el tratamiento farmacológico con
psicoterapia individual. Se trata de sesiones programadas en las que el
psicólogo o terapeuta enseñará al
paciente a vivir con la enfermedad y a desarrollar algunas habilidades que se
han perdido a causa de este trastorno. Compartir las experiencias con un
profesional ayudaría a los individuos con esquizofrenia a comprender mejor sus
problemas, a aprender a distinguir lo real de lo irreal, a aprender diferentes
técnicas para sobrellevar y a solucionar los problemas y mejorar las relaciones
sociales que se ven muy afectadas en esta enfermedad.
Existen también programas de rehabilitación que hacen hincapié en el
adiestramiento social y vocacional para así ayudar a los pacientes y a los
antiguos pacientes a superar sus dificultades en lo profesional, en su formación
laboral, y en su desarrollo psicosocial mediante técnicas de resolución de
problemas y de manejo de dinero, uso del transporte público y comportamiento
social. Éstos son importantes para el éxito del tratamiento de la esquizofrenia
centrado en la colectividad, porque proporcionan a los pacientes dados de alta
las dotes necesarias para llevar una vida productiva fuera de los límites
protectores de un hospital mental.
Para cada paciente se realiza un plan individualizado de rehabilitación dependiendo del estado de la enfermedad, del deterioro que haya generado, de las conductas que adopta y de su situación social y laboral.
Se trabajan diferentes áreas como la psicoeducación del paciente y la familia (discriminar síntomas, tomar conciencia de la enfermedad, aceptarla y aprender a vivir con ella), las habilidades sociales (comunicación con los otros, técnicas de grupo…), educación para la salud (sexualidad, autoestima, prevención de la ansiedad…), desenvolvimiento personal (favorecer la orientación a la realidad, técnicas para buscar trabajo…) y un largo etc.
¿QUÉ PUEDE HACER LA FAMILIA?
Si uno de los miembros de su familia ha sido diagnosticado de
esquizofrenia, la familia puede desempeñar un papel muy importante, dándole
apoyo y ayudándole a recibir el cuidado apropiado.
Que los familiares aprendan todo lo que puedan sobre la esquizofrenia y
comprendan las dificultades y problemas asociados a esta enfermedad es muy
importante tanto para ellos como para la persona que la sufre.
Es muy útil que los familiares aprendan diferentes formas de minimizar
las posibilidades de que el paciente sufra recaídas y que sean conscientes de
los distintos tipos de servicios familiares y para pacientes no internados de
que pueden disponer durante el período posterior a la hospitalización.
Yanira Vallejo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






